El grado máximo de independencia es el emprendimiento privado de un proyecto de servicios indirectos a terceros.
Otras empresas privadas pueden tener grados de libertad importantes, pero solo este tipo de emprendimientos tienen el máximo nivel de libertad al que puede aspirarse. Las empresas de productos, en general, son emprendimientos familiares que tienen traslación temporal hereditaria, hecho que permite a cada generación iniciar un camino desde algún lugar no básico, pero condicionando la experiencia de su desarrollo.
Los servicios a terceros, como los servicios profesionales, se recuestan sobre los espacios de poder que han sido construidos en torno a las disciplinas del saber y sus incumbencias. Por eso también son caminos predefinidos, fuertemente condicionados en términos de las experiencias que puedan vivirse con ellos.
Ser empleado puede ser un comienzo interesante. Pero la carrera dedicada a objetivos de terceros es una de las formas más dramáticas de entregar la propia vida a otros. Y sobre todo cuendo estas empresas se basan en la producción de bienes con cero necesidad de innovación (los hay, y muchos). Especialmente cuando se desarrollan en el marco de economías regionales fuertemente sesgadas, y con entornos socioculturales de estructura medieval. Tal los casos de, por ejemplo, las producciones de caña de azúcar, té, tabaco, olivos, y tantas más.
El empleo público podría considerarse un estadio inferior al anterior. Pero las características de dependencia a un "Estado" y no a otras personas reales lo hace una experiencia de vida limitada pero con niveles de libertad razonablemente superiores a lo anterior. Y especialmente en el marco de nuestro sistema político, donde los empleos públicos están atados por lo general a actividades político-punteriles, ya que esto asocia al beneficiario del empleo público con una persona que dispone de cuotas de poder. Esto, sumado a la bajo requerimiento de productividad y a los relativamente altos salarios, hacen del empleado público una persona que se la pasa caminando por el espacio público realizando compras baratas pero continuadas, lo que ayuda a mantener ciertos niveles de autoestima elevados.
En otro sentido, si bien el empleo público puede mostrar esas cacacterísticas, debe quedar claro que en la medida en que estas relaciones socioeconómicas se sostienen en el tiempo, nuevas generaciones van quedando completamente fuera de los procesos de generación de riqueza.
Por estas y otras muchas razones que no tengo ganas de explicar ahora, la autonomía se alcanza con la consolidación de un proyecto que genere servicios indirectos. Es decir, que uno no tenga que estar sosteniendo que "el cliente siempre tiene razón".