viernes, 28 de septiembre de 2007

Acerca de la rebeldía



Existe una asociación entre la idea de rebeldía y la manifestación de la misma por intermedio de la protesta (en sus muy variadas formas) o ciertos modos de vestirse y discursear.

En general, quienes hablan en nombre de la rebeldía suelen considerar (y venerar y reverenciar) como rebeldes, a personajes y actitudes que (como ellos mismos definen) buscan “oponerse al sistema”. Algunos más ingenuamente osados incluso hablan de proyectos contraculturales. Usan remeras con la foto de James Dean, del Che... y podrían usar remeras estampadas con la Bruja Cachavacha que da lo mismo. Sus posiciones son simples poses, y sus argumentos no son otra cosa que giladas producidas en serie y soportadas en formatos de alto dogmatismo.

Por otra parte, hablar de sistema es como demasiado. Creo que la noción de sistema no tiene ninguna validez epistemológica en nuestros días. El mundo es como es y tiene sus reglas de funcionamiento. Reglas que pueden cambiarse, es cierto, pero las formas del cambio involucran aspectos más fuertes que la enunciación de voluntades o la denuncia de injusticias. Se cambia el mundo con actitudes sostenidas de esfuerzo y entrega relaciondas con los anhelos y objetivos que cada uno se propone.

Yo pienso que cuando uno se queda puteando contra cosas que no puede controlar ni cambiar del modo que quisiera, no hace más que alimentar una sensación de frustración, que luego se vuelve resentimiento, para finalmente estacionarse en la impotencia. Las cosas se cambian haciendo, no protestando ni quejándose. Eso hacen los chicos, caprichitos, y les funciona en general. Pero ya de grande la cosa no es del mismo modo.

La protesta (y otras formas de caprichos) son actuaciones, representaciones del papel del “rebelde” por el simple hecho de no poder ajustar objetivos y recursos (sean éstos materiales o simbólicos) a la realidad.

El video es de una de las bandas más cretivas y poderosas que haya escuchado.