domingo, 23 de septiembre de 2007
Creatividad
Creo que debemos desmitificar y desmistificar ciertas concepciones acerca de la creatividad entendida únicamente como momentos de inspiración sublime, que frecuentemente solemos ambientar en la soledad y en un trabajo de expulsión de mierdas interiores, un estereotipo intelectualoide que cuesta desalojar.
Cierto que la creatividad tiene de inspiración. Claro que hay momentos mejores para encontrarnos a gusto frente a cualquier situación que requiera de nuestras habilidades. Pero antes que eso creo que la creatividad es ese estado de fluidez y vitalidad que solo aparece cuando logramos despojarnos de los obstáculos e inhibiciones que la ansiedad, la angustia e incluso la melancolía nos asestan. Mejor: cuando decidimos exponernos positivamente a los fracasos (aparentes o reales), que derivan invariablemente de lo anterior. Debemos pues intentar sobreponernos a los mismos, e incluso celebrar esos propios fracasos como parte del movimiento.
La creatividad es, fundamentalmente, aquél ataque duro que podemos asestarle a esa parte de nosotros que resiste al cambio, al crecimiento personal. Y se logra a partir de intentos que, uno tras otro, nos permitan desarrolar la habilidad invalorable del ritmo.
El mejor emprendedor es aquél que se arma con las herramientas que le permiten creer en la construcción de su propio destino.
Claro que es difícil, e incluso a veces parecerá imposible. En cualquier caso, la creatividad es el proceso en el que decidimos, sostenidamente, poner a prueba nuestras ideas. Fluir es, así, resistirse a la resistencias.
Esta es una breve reflexión que intenta transmitir la necesidad de cerrar trato con nosotros mismos, en contra de la tentación de las excusas. Excusas que pueden permitir imaginar pero nunca amasar