domingo, 27 de julio de 2008
De Mariano Moreno a Guillermo Moreno
La métáfora que representa la traslación política, intelectual e ideológica desde mariano Moreno a Guillermo Moreno es, probablemente, la síntesis de la trayectoria fenomenal de la Argentina. Desde la pretención iluminista e iluminadora del abogado retirado de la política nacional en el siglo XIX, a la expresión multirol ejercida por el ladero de Néstor Kirchner.
Me refiero a que Moreno (Guillermo) no es una anomalía temporaria del modelo de gestión nacional sino, antes bien, la consolidación irreparable de nuestra cultura política. Intolerancia, referencia permanente al pasado, negación de la realidad, resentimiento, confrontación y creencia en la idea de vanguardia, son los principales valores que una cultura estructuralmente reactiva al desarrollo y al proceso civilizatorio ha sabido alcanzar.
Moreno es Guillermo. Mariano se tuvo que ir del país. Para nunca más volver. Moreno (Guillermo) es el sentir nacional, es la forma argentina de ver el mundo, de lidiar con los problemas (negarlos, claro está), de negociar y establecer consensos (apretar, patotear, subestimar, forrear), de conducir(nos) (también en lo relativo al automóvil, sumando infracciones de las que seguramente no tendrá que hacerse cargo), de administrar ("ojos que no ven, corazón que no siente"), de permanencia en el estado adolescente (carecer de mucho y aun asi suponer saberlo todo).
Que Moreno (Guillermo) deje el cargo de funcionario que actualmente posee no significa nada más que dar un paso al costado para que emerja otra forma de lo mismo. Como cuando decidimos cambiar la ropa para estar mejor presentados.
Moreno (Guillermo, hace falta aclararlo?), es el hincha de fútbol, es el fun del rock nacional, el "viejita", el militante político, el "pibe chorro", el funcionario y el empresario a la vez, el estudiante secundario, el militar y el profesor.