domingo, 29 de junio de 2008

El futuro de los negocios en Internet

Internet se presenta como uno de los sectores de la economía más atractivos de cara al futuro. Sin duda esto es así, pero en lo relativo a las tendencias que vienen planteando quienes piensan escenarios quiero marcar algunas opiniones en contrario.

Y esto sin hacer referencia a las consabidas burbujas, en el sentido de presentar un escenario altamente especulativo destinado a explotar tal como lo hiciera a comienzos de 2000.

Pero está claro que en Internet se observan 3 formas de hacer dinero (o modelos de monetización):

1) E-commerce.
2) Publicidad.
3) Cobro por servicios.

Tanto en el primero como el segundo, los movimientos de dinero son básicamente transferencias de otros sectores de la economía hacia Internet. Lo que antes era un local de ventas a la calle, hoy es una plataforma electrónica con servicios de logística adicionados. En publicidad, las dinámicas sociales hacen que las pautas tradicionales incluyan porcentajes crecientes de publicidad on line. En ambos casos Internet agrega un valor fundamental, pero siempre bajo la lógica de la transferencia de dinero de otros sectores. Por eso la tendencia "free" de la gran parte de los servicios ofrecidos (en la mayoría de los cuales no se sabe bien como esperan ganar dinero).

Solo el tercer modelo es realmente genuino. Aquí el desarrollo de servicios es la clave para la formulación de modelos de negocios viables. Sumado a la saturación de ofertas de websites que hacen lo mismo (y que no puede dedicarse a mantener actualizados), el destino de la mayoría de estos sitios será, o la oportunidad del negocio financiero o bien la mutación a servicios más enfocados y segmentados.

Otro aspecto altamente condicionante de la actual movida web es fuerte orientación de los modelos de negocios en los aspectos tecnológicos, sin prestar el debido foco en el "usuario" (hecho que impide que podamos hablar de "cliente"). Por tal razón es el entretenimiento la base de la mayoría de las funcionalidades de las grandes redes sociales. Pero las personas, además de entretenerse y comunicarse con amigos, trabajan. Y no todos lo hacen como desarrolladores de aplicaciones o marketineros web.

De lo anterior se puede deducir los siguientes aspectos que deberán considerar quienes no deseen fracasar en los emprendimientos web:

- Foco en las necesidades de los "usuarios", para poder transformarlos en "clientes".
- Alta segmentación de los servicios.
- Fuerte vinculación off line con dispositivos que estén más cerca de ciertas actividades profesionales.
- Recatar el sentido de pertencia a una comunidad.
- Como cualquier otro negocio, generar valor a partir de la disminución de los costos, de los tiempos, y en fin, cualquier otro aspecto funcional que haga del servicio ofrecido algo por lo que, ya el "cliente", esté dispuesto a pagar.

La Teoría y D'Elía

Luis D'Elía encarna por estos días una suerte de palabra oficial desde fuera del gobierno. Una forma, si bien no desconocida, sí llevada a expresiones realmente innovadoras. Mezcla de fuerza de choque y medio de comunicación ambulante, este personaje de la argentinidad actual es la expresión más acabada del pensamiento social latinoamericano.

Sus apreciaciones teóricas son de lo más atinadas. Especialmente si se las pone en comparación con los teóricos oficiales (Docentes de Sociales de la UBA, abonados al Plan Fènix, entre otros). Digo que la teoría política de D'Elía es realmente superior a las versiones obsesivas de, por ejemplo, un Aldo Ferrer o un José Nun. Y de hecho le pasan el trapo a los intentos didácticos de José Pablo Feinmann, becario del canal 7.

Ya en el terreno de las conceptualizaciones, actividad que no se le reconoce debidamente al personaje, destaco a D'Elía en su intento explicativo de la realidad nacional: el problema debe considerarse como una lucha entre 2 facciones. Quizás no necesariamente "los blancos" y "los negros" que identifica el ex-funcionario, pero el modelo de 2 grupos antagónicos e irreconciliables es una aproximación analítica de alto vuelo.

La tendencia a la fragmentación de nuestra sociedad es un dato ineludible. Y D'Elía identifica el fenómeno como nadie, hasta el punto de enrolarse anticipatoriamente en un bando y a estilizar su lenguaje de guerra.

La Izquierda como Síntoma



Ser de izquierda puede ser un síntoma. Quizás haya excepciones, pero como regla general cabe destacar que ser de izquierda es la objetivación social de fuertes imposibilidades subjetivas.

De algún modo, ser de izquierda es una psicopatología (por lo general una severa neurosis). Que implica la imposibilidad de ver el mundo tal cual es, de explicar los hechos casi siempre por el opuesto de la evidencia empírica, y de suponer certezas (cuando por definición no puede hacerlo).

Ser de izquierda es temerle al progreso (por eso algunos se autodenominan progresistas), es imposiilidad de amar algo concreto (por eso dicen querer un mundo mejor). Es también impotencia, y por tal razón veneran las formas populistas y dictatoriales.

Ser de izquierda es "no saber" y "no poder" saber. Ser de izquierda es negarse a la vida con el pretexto de la imposibilidad del disfrute y del entusiasmo en un mundo injusto. Ser de izquierda es una forma de resolver religiosamente para evitar los costos que implica el crecimiento.

sábado, 28 de junio de 2008

El fin de la Sociología

"El fin de la sociología". O más bien "la sociología nunca existió". Quiero decir que la sociología, en tanto que proyecto de conocimiento del funcionamiento del mundo, o de las sociedades para no ser tan ambicioso, nunca alcanzó siquiera a las capacidades más básicas del entendimiento, expresadas en la calle como "2 dedos de frente".

Sí, la sociología no puede explicar el presente. Y está epistemológicamente incapacitada para anticipar cualquier tendencia. La sociología, como el proyecto más ambicioso de las ciencias sociales, puede hoy sentir el alivio cierto de no tener que justificar su inutilidad explicativa.

Recostada al espacio académico, la sociología solo puede modestamente dedicarse a reconstruir, en clave del presente, los acontecimientos que cualquier mediano observador identifica y registra mientras el mismo sucede. Con el agravante de los brutales sesgos ideológicos a la que la somete sus rígidos marcos teóricos.

Como ningún otro campo del saber, la sociología carece de toda utilidad vital. Incluso la rama más destacada, la encuestología, es actualment superada por cualquiera de las técnicas de la etnografía y el marketing.

Hay que destacar, es cierto, sus capacidades para encerrarse y llevarse consigo una importante cantidad de fondos de investigación que es destinada a su propia reproducción como disciplina.

El culo del mundo!



Usualmente identificamos a esta parde del planeta como "el culo del mundo". Y nunca mejor que en "la era del desquicio" para llamarla así.

La idea de culo bien podría ser la metáfora más precisa para mostrar el itinerario latinoamericano del nuevo milenio. Populismos avasallantes, dictadores en pleno aprendizaje y un convencimiento bastante generalizado de que podemos exportar el "modelo".

Es decir, los desperdicios de los procesos digestivos son regados internamente con la mayor fuerza jamás vista. Con la seria intención de diseminarlos por el mundo como una ideología justa y equitativa. O sea, si nadamos en mierda que todo el mundo pruebe.

La Era del Desquicio



Desde mayo de 2003, incluso un poco antes, se sentaron fuertemente las bases para la inauguración de una nueva etapa histórica en la Argentina que bien podemos denominar "La Era del Desquicio".

Esta nueva etapa se caracteriza por la negación total de los principios de racionalidad económica, ensayos de recorte de las libertades políticas y la primacía de valores y creencias vencidos a nivel mundial hace mucho tiempo. Esto es, la construcción de un escenario en el que las capacidades creativas de los ciudadanos son reemplazadas por la lógica del clientelismo secular. Las bases perfectas para impedir el desarrollo.

Como expresión de la certeza de la era iniciada, los principales actores de la vida política y cultural recitan dogmas con la fe religiosa característica de las izquierdas.

Personajes increíbles (que bien podrían haber salido de películas de ciencia ficción) se dan cita en cualquier momento y lugar en atrios o escenarios premeditados o espontáneos, en los que se arenga a la confrontación con algún "otro" responsable de las incapacidades propias y colectivas, y se celebra lo que en cualquier punto del mundo sería un estruendoso fracaso.

La Era del Desquicio promete ser aterradora. Quizás no supere a las versiones más destacadas en la materia, pero los "desquiciados" llegaron esta vez para no irse. Llegaron para sentar bases firmes que realmente sean irremontables ante cualquier intento de recuperación de la cordura.

Lo de Bowie es simplemente para mostrar que existen cosas para disfrutar. Distantes pero al fin hallables.