Luis D'Elía encarna por estos días una suerte de palabra oficial desde fuera del gobierno. Una forma, si bien no desconocida, sí llevada a expresiones realmente innovadoras. Mezcla de fuerza de choque y medio de comunicación ambulante, este personaje de la argentinidad actual es la expresión más acabada del pensamiento social latinoamericano.
Sus apreciaciones teóricas son de lo más atinadas. Especialmente si se las pone en comparación con los teóricos oficiales (Docentes de Sociales de la UBA, abonados al Plan Fènix, entre otros). Digo que la teoría política de D'Elía es realmente superior a las versiones obsesivas de, por ejemplo, un Aldo Ferrer o un José Nun. Y de hecho le pasan el trapo a los intentos didácticos de José Pablo Feinmann, becario del canal 7.
Ya en el terreno de las conceptualizaciones, actividad que no se le reconoce debidamente al personaje, destaco a D'Elía en su intento explicativo de la realidad nacional: el problema debe considerarse como una lucha entre 2 facciones. Quizás no necesariamente "los blancos" y "los negros" que identifica el ex-funcionario, pero el modelo de 2 grupos antagónicos e irreconciliables es una aproximación analítica de alto vuelo.
La tendencia a la fragmentación de nuestra sociedad es un dato ineludible. Y D'Elía identifica el fenómeno como nadie, hasta el punto de enrolarse anticipatoriamente en un bando y a estilizar su lenguaje de guerra.